🇻🇪 Entre gigantes: Venezuela, sus reservas de petróleo y la mirada estratégica de Trump

El crudo más abundante del planeta y la paradoja de su escasa producción frente al interés geopolítico estadounidense

El tesoro enterrado bajo tierra

Venezuela ha sido, por décadas, sinónimo de petróleo. Las cifras más actualizadas confirman que sus reservas probadas superan los 300.000 millones de barriles, ubicándola como el país con las mayores reservas petroleras del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita y otros gigantes energéticos. Esta enorme acumulación de crudo se concentra principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco, una vasta zona cuyos hidrocarburos representan cerca del 90 % del petróleo más pesado del planeta.

Una producción reducida lejos de su enorme potencial

Pese a ese enorme potencial, la producción real de crudo venezolano es muy baja. Actualmente el país apenas extrae alrededor de un millón de barriles por día, una cifra minúscula en comparación con su capacidad potencial y con los niveles que alcanzó décadas atrás. Esta producción representa menos del 1 % de la producción mundial, cuando hace años se llegaba a cifras de hasta 3,5 millones de barriles diarios.

El petróleo pesado: un crudo difícil de explotar

Una de las principales razones de esta paradoja es la naturaleza del crudo venezolano. Gran parte de sus reservas consiste en crudo pesado y extrapesado, muy diferente al petróleo ligero que producen otros países. Este tipo de crudo tiene una densidad elevada y alto contenido de azufre, lo que exige procesos de dilución y refino muy especializados antes de poder utilizarse como producto comerciable. Estas etapas adicionales son costosas y requieren infraestructura compleja que Venezuela no ha desarrollado plenamente.

Infraestructura deteriorada y falta de inversión

La industria petrolera venezolana, históricamente manejada por la estatal PDVSA, vive hoy en día con una infraestructura fuertemente deteriorada. Décadas de subinversión, mala gestión, corrupción y falta de mantenimiento han dejado pozos, oleoductos y refinerías en condiciones precarias. Muchos de estos activos requieren decenas de miles de millones de dólares en rehabilitación antes de que puedan reanudar producción significativa o eficiente.

El papel de las sanciones y el embargo

Además de los problemas técnicos, Venezuela ha enfrentado un embargo energético y sanciones internacionales, especialmente por parte de Estados Unidos en distintos periodos recientes. Estas medidas han limitado la capacidad del país para exportar crudo, negociar con grandes compradores y atraer inversiones en tecnología y servicios petroleros que se necesitan urgentemente.

La caída sostenida de la producción

A pesar de haber sido un protagonista importante en la industria global, la producción venezolana ha caído de manera sostenida. De cifras superiores a los 3 millones de barriles diarios en la década de 1990, hoy ronda el millón, con centros de producción que operan a niveles muy por debajo de su capacidad. Esta caída prolongada se explica por la combinación de infraestructura obsoleta, fuga de talento técnico y políticas que no favorecieron el reinvestimiento.

El desafío del crudo extrapesado

El petróleo extrapesado de Venezuela, aunque abundante, no solo es difícil de procesar, sino que también genera menores márgenes de ganancia para las refinerías convencionales. A diferencia del crudo ligero, que puede ser refinado con tecnologías estándar, el pesado exige inversiones en unidades de craqueo y mezcladores, y aun así suele cotizarse a precios más bajos debido a los costos adicionales.

La necesidad de diluyentes

Para transportar el crudo extrapesado por ductos o barcos, Venezuela requiere mezclarlo con diluyentes más ligeros. Este proceso encarece aún más la cadena de valor, porque el país debe importar esos insumos u obtenerlos de refinerías que puedan proveerlos, generando una dependencia que afecta aún más su competitividad global.

PDVSA y la pérdida de know-how

La estatal PDVSA, que en el pasado monopolizaba la producción nacional, enfrenta hoy una crisis de capacidad técnica y operativa. La fuga de talentos, la falta de inversión en capacitación y la mala gestión han reducido su eficiencia operacional, convirtiendo a Venezuela en un país con riquezas petroleras gigantescas, pero sin la capacidad actual para explotarlas plenamente.

Por qué Trump pone el foco en el crudo venezolano

Frente a este contexto, la administración de Donald Trump ha puesto al petróleo venezolano en el centro de su estrategia geopolítica y económica. Trump ha expresado de manera explícita su intención de permitir que empresas petroleras estadounidenses regresen a Venezuela para explotar sus reservas, argumentando que esto puede fortalecer la seguridad energética de Estados Unidos y su posición global en el mercado del crudo.

Un plan explícito de revitalización petrolera

Trump ha hablado de enviar compañías estadounidenses para “arreglar” la industria petrolera venezolana, incluso mencionando inversiones millonarias y la reconstrucción de infraestructura. Su visión es revitalizar un sector que, desde la perspectiva de Washington, no solo es vital para el crecimiento económico de Venezuela, sino también para el suministro energético de las propias refinerías estadounidenses.

Interés geopolítico y dependencia energética

El interés de Estados Unidos por el petróleo venezolano no es apenas económico. El control de recursos energéticos sigue siendo un pilar de poder geoestratégico global, especialmente en un escenario donde la competencia por energías fósiles continúa influyendo en alianzas, sanciones y operaciones militares. Tener acceso a un país con enormes reservas le daría una ventaja estratégica significativa.

La promesa de producción acelerada

Desde Washington se ha afirmado que, si se levantan sanciones y se restauran las relaciones con compañías petroleras, Venezuela podría aumentar su producción con relativa rapidez. Las declaraciones oficiales sugieren que reasignar tecnologías, capital y personal podría elevar la producción en meses, aunque expertos advierten que esto es más un objetivo político que una realidad técnica sencilla.

Reacciones mixtas de las petroleras

A pesar de las declaraciones de Trump, muchas grandes petroleras internacionales han sido cautelosas. La complejidad técnica del crudo venezolano, combinada con el riesgo político y legal de invertir en un país que ha expropiado activos en el pasado, hace que las empresas se muestren reacias a comprometer grandes sumas sin garantías claras.

El impacto en la geopolítica global

El interés estadounidense por el petróleo venezolano también influye en las relaciones con otros países que han sido grandes compradores del crudo local. Redirigir el petróleo hacia refinerías estadounidenses y reducir la dependencia de otros mercados puede reconfigurar alianzas energéticas en todo el mundo.

Consecuencias ambientales y objeciones

Este enfoque ha generado fuertes críticas de organizaciones ambientalistas y expertos climáticos, que señalan que explotar aún más crudo pesado elevaría las emisiones globales de carbono y dificultaría los esfuerzos por combatir el cambio climático. Para estos sectores, esta estrategia representa un retroceso en las políticas ambientales internacionales.

La historia de expropiaciones pesa

Gran parte de la reticencia de las petroleras también proviene de experiencias pasadas, cuando el Gobierno venezolano expropió activos de empresas extranjeras. Esta historia dejó tensiones diplomáticas y pérdidas económicas que siguen influyendo en la percepción de riesgo del país.

¿Es realista recuperar el sector?

Aunque algunas estimaciones sugieren que con inversiones masivas la producción podría acercarse a niveles de hace décadas, la mayoría de los analistas coincide en que convertir las vastas reservas en producción sostenible requiere una década o más de estabilidad política, inversión y reconstrucción tecnológica.

Una paradoja petrolera

Venezuela es, simultáneamente, el país con más petróleo en el mundo y uno de los que menos contribuye a la producción global. Esta contradicción refleja años de malas políticas internas, sanciones externas y una compleja geografía del crudo pesado que escapa a soluciones fáciles.

El crudo como centro de una disputa global

Más allá de los aspectos técnicos, lo que está en juego es la forma en que los recursos naturales se insertan en las dinámicas de poder mundial. El petróleo venezolano —pesado, costoso y técnicamente desafiante— se ha convertido en un punto de convergencia donde intereses económicos, estratégicos y políticos se enfrentan en pleno siglo XXI.