Salud mundial en alerta: resurgimiento de enfermedades y desaceleración en avances sanitarios

La humanidad enfrenta nuevos y viejos retos en el ámbito de la salud pública global

La salud mundial atraviesa un momento crítico en 2025. Después de la pandemia de COVID-19, que dejó una huella profunda en todos los sistemas sanitarios, nuevos desafíos han emergido, poniendo en jaque los avances logrados en décadas.

En primer lugar, el resurgimiento de enfermedades infecciosas consideradas controladas o casi erradicadas preocupa a expertos y organismos internacionales. Casos de fiebre amarilla, dengue, malaria y sarampión están aumentando en diversas regiones, especialmente en América Latina, África y Asia.

La fiebre amarilla ha mostrado un incremento alarmante en América Latina, con brotes importantes en países como Brasil, Colombia y Perú. La Organización Panamericana de la Salud ha lanzado alertas epidemiológicas para contener esta expansión, que ha alcanzado zonas urbanas donde antes no era común.

En paralelo, enfermedades como el dengue y la malaria mantienen su impacto en zonas tropicales y subtropicales, exacerbadas por el cambio climático y la deforestación, que favorecen la proliferación de los mosquitos vectores.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud ha expresado su preocupación por la caída en las tasas de vacunación a nivel global, un fenómeno que pone en riesgo la protección colectiva contra enfermedades prevenibles como el sarampión y la poliomielitis.

Esta disminución en la cobertura de vacunación se debe a múltiples factores, entre ellos la desinformación, el acceso limitado a servicios de salud y la fatiga pandémica que ha provocado menor seguimiento de los calendarios vacunales.

La consecuencia directa es la reaparición de brotes que habían sido prácticamente eliminados, aumentando la mortalidad y el sufrimiento en poblaciones vulnerables, especialmente niños y personas con sistemas inmunitarios debilitados.

Además, la pandemia de COVID-19 ha dejado secuelas importantes en la salud mental de la población mundial. Los niveles de ansiedad, depresión y estrés postraumático han aumentado significativamente, afectando la calidad de vida y la productividad.

En términos de esperanza de vida, la OMS reporta una desaceleración y en algunos casos incluso una reducción, resultado directo de la pandemia y sus secuelas en la atención sanitaria y en las condiciones sociales.

Los sistemas de salud, sobrecargados y en muchos casos insuficientemente financiados, enfrentan grandes retos para recuperar la normalidad y atender de manera efectiva las múltiples crisis simultáneas.

La cooperación internacional y la solidaridad son más necesarias que nunca para garantizar la distribución equitativa de vacunas, medicamentos y recursos médicos, especialmente en países de bajos ingresos.

Expertos insisten en la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica, mejorar la comunicación científica y combatir la desinformación que pone en riesgo la salud pública.

Asimismo, la inversión en infraestructura sanitaria y en formación del personal médico es crucial para hacer frente a los retos presentes y futuros.

La comunidad global debe actuar con urgencia para evitar que estas amenazas se conviertan en crisis sanitarias de mayor escala, preservando los avances y cuidando el bienestar de millones de personas.

Solo a través de un esfuerzo conjunto y sostenido será posible retomar el camino hacia un mundo más saludable y preparado para enfrentar emergencias.